El drama de los evacuados: algunos ya dejaron sus casas hasta ocho veces

PROVINCIALES

Seis familias fueron evacuadas el miércoles y hasta ayer seguían resguardadas en casas de parientes, en salones de iglesias y comedores. El agua cubrió la mitad de sus viviendas

Mezclada con versos y melodías en “Apuráte José”, la cantautora correntina Teresa Parodi, inmortalizó en su prosa la desesperación de aquellos que viven a las costas de los ríos y arroyos cada vez que la creciente se acercaba. Y una localidad golpeada por esos acontecimientos es El Soberbio y los vecinos que habitan en los barrios bajos, que saben de huidas y evacuaciones llevando con ellos las pertenencias que se puedan salvar cuando el Uruguay viene con fuerza.

El Soberbio dista unos 250 kilómetros de la capital misionera y limita con Porto Soberbo Brasil, cuya conectividad con esa ciudad brasileña es mediante el servicio de balsas que está suspendido hace tres días.

“Esta ya es la octava vez que tengo que irme de mi casa porque el río sube. Ahí abajo hay como una zanja y cada vez que llueve, se viene todo. Me molesta porque ya perdí algunas de mis cosas y esta es la única casa que tengo para estar con mis hijos”, lamentó Liliana Da Costa (27), que vive en el barrio Unión, de la Capital de las Esencias, y el miércoles tuvo que ser evacuada junto con dos de sus hijos y su pareja.

La joven vive en el lugar desde hace poco más de dos años en una vivienda precaria, pero que le permite no seguir pagando alquiler, es decir, un dinero que ahora tiene que ser destinado a las atenciones médicas de su bebé de diez meses que nació prematuro.

Fueron seis las familias que tuvieron que dejar sus hogares y se resguardaron entre las viviendas de sus familiares, en el comedor del barrio y en salones de las iglesias que se encuentran en el mismo asentamiento. El agua llegó a cubrir las casas hasta la mitad de altura, tal y como evidenciaron las marcas que quedaron en el día después del pico de la subida.

Se esperaba que si el río continuaba su descenso, las familias podrían regresar hoy, aunque la posibilidad todavía se estaba evaluando y dependía de las precipitaciones río arriba.

Es que tras una nueva apertura de las compuertas de la represa Foz do Chapecó, en Brasil, el río Uruguay llegó el miércoles por la noche al pico de 13,65 maestros a las 21 y ayer comenzó su descenso (11 metros en bajante), aunque las lluvias previstas en el vecino país mantienen las alarmas encendidas. El servicio de balsa volverá a estar activo una vez que el caudal de agua baje a los 8 metros.

“Ayer pude sacar mis cosas con ayuda de los Bomberos y de la Policía, pero el río subía a full. Estoy esperando que me entreguen una vivienda para poder salir de acá”, agregó Liliana, que no tiene luz ni agua en su vivienda y se vale de la solidaridad de sus vecinos.

Norma Borda (49) es otra vecina afectada y que vive en el lugar hace al menos un año con sus cuatro hijos -dos varones y dos mujeres- y su esposo.

El río Uruguay cubrió la bomba que provee agua potable al pueblo.

El miércoles temprano tuvo que llevarse la heladera, la cocina a leña, un sillón y otras cositas que amontonó en una pieza que le cedió una iglesia evangélica para que pudieran resguardarse.

“La verdad que no me lamento por mí, pero sí por mis hijos, porque ellos trabajan y levantarse y ver eso, creo que para cualquiera es difícil. Hay que estar con mucha calma nomás”, dijo la mujer, que logró llevarse sus gallinas y una perra que parió dos cachorros justo ese día.

Y a su relato, sumó: “Es la tercera vez que salimos, pero la vez anterior no había subido tanto el agua, ahora cubrió hasta la mitad de la casa. Por suerte pudimos sacar nuestras cosas”.

Mientras, Ramona Da Silva, que integra una familia de seis miembros, recibió cobijo en el salón de una iglesia católica y, escueta en las palabras, confesó que es la cuarta vez en el año que tienen que irse de su hogar porque el río Uruguay aumentó su caudal.

“Siempre pasa lo mismo, pero tenemos que volver. Los chicos son los que se ponen tristes”, compartió.

Las demás familias recibieron alojamiento en las viviendas de parientes que viven en otros barrios.

Operativo de regreso a casa

En lo que refiere a la vuelta a sus casas, una vez que baje el río, primero deben desinfectar y limpiar las casas -que se hace con ayuda de los Bomberos Voluntarios- para que vuelvan a ser habitables.

Por su parte, en diálogo con este medio, el intendente local, Roque Soboczinski, comentó que si bien la bomba que provee de agua potable al pueblo se encuentra tapada por la crecida, tienen una de reserva, por lo que no se cortó el servicio.

Sobre las familias evacuadas, señaló: “Es una situación de riesgo, pero esas personas no tienen a dónde ir. Tenemos prevista la ejecución de unas 30 viviendas en el barrio inundado donde podremos reubicar a estas personas”.

Y agregó: “Se van unos, pero terminan viniendo otros y cuando el río está lejos no pasa nada, pero después vienen los problemas cuando crece. Es una situación complicada”.

El jefe comunal comentó que si bien no se sobrepasaron los límites para lamentar peores situaciones, si el río llega a los 15 metros ya son dos los barrios que sufrirán las inundaciones: el Unión y el Chivilcoy.

“En el 2014 estuvimos con una altura de 23, casi 24 metros. Aquella vez el barrio Unión se inundó en un 80%, todas las zonas bajas desaparecieron. Había pasado también en el año 83, con 22 metros”, cerró el intendente.


La histórica inundación  de 2014

En cada crecida del río Uruguay se revive el temor a que se repita la inundación de junio de 2014. El exceso de lluvias retrotrae a aquel momento  en que 555 familias fueron afectadas.

El agua superó los 24 metros de altura en el puerto, se apoderó de buena parte de la localidad y obligó a reubicar a gran cantidad de personas. Unión, Maracaná y Chivilcoy fueron los barrios más perjudicados.

Más de 200 casas quedaron totalmente destruidas, arrastradas algunas por la corriente.

Sectores enteros fueron relocalizados en lugares más elevados, de manera que una eventual nueva inundación tarde más en alcanzarlos.

También resultaron dañados establecimientos comerciales, turísticos y otras estructuras, además de serios daños en los caminos.

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