María, la motoquera que recorre las rutas hace casi cuatro décadas

GENERAL

Ahorró para comprarse la primera moto cuando aún era adolescente. Una pasión inexplicable que la llevó a recorrer la provincia y el país y donde crió a sus hijos

La vida de los moteros que recorren distintas rutas está llena de anécdotas imperdibles, en las que se destacan la solidaridad y familiaridad entre pares. En María Isabel Vera (56) se puede encontrar la historia de una verdadera guerrera. No por nada su sobrenombre es la Sobreviviente.

Apasionada de las motos, transita las rutas provinciales y nacionales desde hace 37 años y recibió ese apodo porque sufrió un gravísimo accidente, salvó su vida de milagro y hoy en día lo puede contar.

María es de Posadas y el último fin de semana llegó a la ciudad de Jardín América para vivir junto con otros motociclistas el Motoencuentro de la Amistad. Aprovechó su estadía en tierras jardinenses para recorrer sus caminos y de paso relató su historia.

“Hace 37 años ahorraba plata y me compré mi primera moto, en ese momento mi idea no era transformarme en viajera. Luego me compré otra moto y con unos amigos armamos uno de los primeros grupos en Posadas”, contó.

Sus inicios con los viajes la llevaron a conocer otra gente y cada vez le gustó más lo que hacía.

“Primero empecé a ir hacia el interior de Misiones, después a Ituzaingó, Corrientes, y luego me casé y tuve mi primer hijo, Ángel Andrés”, detalló.

Y añadió que ser madre no fue impedimento para seguir sobre la moto. “Mi bebé tenía tres meses cuando lo llevé al primer encuentro motero, también en suelo ituzaingueño. Creo que fue el viaje más largo, porque me demandó cuatro horas”, expresó entre risas.

La pasión motera no fue sólo de ella, sino también de su compañero de vida, Andrés Alves.

“Tuve la dicha de que a mi marido también le gustaba la moto, en familia salíamos y mi nene siempre se llevaba el premio al motoquero más chiquito, porque lo vestía de arriba debajo de cuero”, señaló.

Entre esos recuerdos familiares, rememoró la emoción que sintió al ver a su hijo empezar a caminar. “Dio sus primeros pasos en un encuentro motero en Santo Tomé, Corrientes, lo que fue algo único y a él todo el mundo lo conocía por ser el más pequeño de todos”.

Luego tuvo un segundo hijo, Alejo Agustín, quién también viajaba a distintos lugares junto con sus padres.

Con el correr del tiempo, ella enviudó y le tocó seguir adelante con sus dos hijos. “Tuve que dejar los viajes largos por un tiempo, así que hacía trayectos cortos”, explicó sobre cómo vivió esa etapa.

Un día desafortunadamente le tocó vivir un accidente en el que casi fallece. “El 20 de mayo de 2018 manejaba mi moto en Posadas, salí para encontrarnos con moteros y recorrer un poco la provincia, yo iba con semáforo en verde, un auto apareció de la nada y me estrellé contra él, perdí la conciencia. Quedé toda rota: pierna izquierda, rodilla, los brazos, la costilla y los médicos no daban ni cinco porque yo sobreviviera”, dijo emocionada.

Su recuperación fue lenta pero milagrosa y ella misma se propuso salir adelante: “Me dije ‘esto no me va a ganar’. Le puse muchas ganas, pensaba en mis hijos, que fueron el motivo por el cual lo hice, porque habían perdido a su papá y no podían perder a su mamá también, así que tomé muchas fuerzas y acá estoy”.

En diciembre de ese mismo año del siniestro ya estaba sin muletas para ir a la recepción de uno de sus hijos.

Amigos

“Todo mi proceso fui acompañada por un gran número de amigos moteros, que se encargaron de mí durante un año, me llevaban mercadería porque yo era la cabeza de la casa y no podía salir a trabajar”, sostuvo.

Y sumó: “Siempre voy a agradecer a mi familia motera, porque estuvieron en cada momento y en uno de los encuentros que fui uno de los moteros me dijo ‘vos sos una sobreviviente’, y así quedé con ese apodo”.

En distintos lugares hay fechas programadas para que se junten todos los motociclistas, pero hay un encuentro especial para María. “Cuando tuve el accidente me preparaba para el encuentro de Apóstoles, cuando se enteraron de lo sucedido, organizaron sorteos, rifas, recaudaron dinero y el primer apoyo económico que recibí fue de dicha organización, por eso ir a Apóstoles cada año es muy importante para mí”, indicó.

Por otro lado, reflexionó sobre lo que significa para ella subirse a una motocicleta.

“Para mí viajar en moto significa despejarse, salir de lo cotidiano. Viajé sola, con la familia, con amigos. Es encontrarme con mi gran familia motera, porque no somos amigos sino hermanos de ruta y para mí significa mucho, porque no tener la moto es como no poder caminar, creo que de las 24 horas del día, 20 estoy arriba de mi moto, por eso si te gusta, tenés que concretar, porque es lo más sanador que hay y sólo al estar en la ruta uno puede vivir y expresar lo que uno siente”, explicó.

La posadeña el último fin de semana participó del Motoencuentro de la Amistad en Jardín América, reuniéndose con gran cantidad de motociclistas de distintas partes de la provincia, el país e incluso llegados desde Brasil, Paraguay y Uruguay.

“Acá estoy, feliz de poder disfrutar con mi gran familia motera, me queda mucho por recorrer, mi sueño es hacer la ruta 40, llegar al fin del mundo, ojalá Dios me dé vida para poder hacerlo y lo realizaría por mis hijos, son mi puntal, ellos saben la pasión que tengo por la moto. Lo único que me dicen ahora es ‘mamita, cuidate por favor y disfrutá’, eso hago a donde voy”, finalizó.

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