Un día después del papelón, Eduardo Belliboni dio de alta su monotributo

GENERAL

El dirigente piquetero se vio obligado a dejar de lado el relato y enfrentar su cruda realidad: hace casi una década que vive de contratos en el estado, no existen pruebas algunas de que haya donado su salario y, además, trabaja en negro en su presunta profesión de electricista. Horas después, corrió a poner sus papeles en orden.

No ha sido esta una semana sencilla para el dirigente piquetero Eduardo Belliboni. Luego de un efímero éxito en el armado del acampe masivo que obstaculizó por completo la funcionalidad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y creó dolores de cabeza para todos aquellos que tenían que ir a trabajar, la lupa se posó sobre el líder del Partido Obrero.

Un simple repaso por su prontuario dejó un tendal de pruebas de su realidad económica. Lejos, muy lejos, de la que asegura tener y de los ideales socialistas que asegura defender. Propiedades en Capital Federal y la Costa Atlántica, evasión impositiva y un detalle que sorprendió incluso a sus propios seguidores.

“No trabajé en el estado ni cobro ningún contrato, los planes sociales los inventaron los gobiernos, no los inventé yo”, aseguró Belliboni, visiblemente ofuscado, en una entrevista televisiva. “Yo trabajo como electricista y vivo de mi trabajo”, añadió, segundos antes de ofrecerle “una changa” al periodista Javier Diaz.

La documentación oficial afirma, en pocas palabras, que Belliboni miente. No sólo fue diputado nacional suplente, sino que cobró contratos durante al menos ocho años. Primero desde el 2014 hasta el 2017 en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires y desde entonces hasta la actualidad en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

No sólo trabajó en el estado sino que, además, su salario fue ostensiblemente mayor a los 69 mil pesos que asegura cobrar. Belliboni desembolsaba más de 125 mil pesos mensuales, casi el doble.

Por otro lado, su aseveración de estar trabajando como electricista es igualmente preocupante. No sólo que resulta incompatible con los horarios en los que asegura llevar adelante su actividad política, sino que además Belliboni está dado de baja en AFIP, por lo que no podría facturar por su trabajo. En pocas palabras, el dirigente del Partido Obrero se queja de la ineficiencia del estado pero él, cuando puede, evade los impuestos a través de los cuales se financian los planes sociales que pide.

Apenas unas horas después de que una investigación compruebe que estaba dado de baja en AFIP desde el año 2018 y que, por lo tanto, trabajó durante los últimos tres años en negro, Belliboni corrió a lo de su contador para dar de alta el monotributo apenas unas horas después. En una maniobra tan burda como tragicómica, el dirigente piquetero se vio obligado a poner sus cuentas en orden.

De este modo, y a contramano del discurso abnegado, socialista y empático con los que menos tienen, Belliboni mezcló su incipiente carrera política con un espectáculo burdo, rayano con lo ridículo y atravesado por la evasión fiscal, las propiedades de fin de semana y los contratos “de asesor” en las cuevas del estado. Del relato al hecho, al parecer, hay mucho trecho.

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