Confesa homicida de su marido fue beneficiada con prisión domiciliaria

GENERAL

Lidia M. tiene problemas de salud y su salida de la cárcel no constituye riesgo de fuga, según el juez de la causa. La mujer reconoció la autoría del hecho, pero dijo que era víctima de violencia.

Primero dijo que su marido fue asesinado por un asaltante. Pero posteriores pericias y sus propias contradicciones terminaron por acorralarla, por lo que reconoció la autoría del hecho, al tiempo que intentó justificarse con el argumento de que habría sido víctima de reiterados episodios de violencia de género.

En consecuencia, Lidia Elizabet M. (57) fue imputada por el homicidio de su esposo Mario Miguel Stasiak(56), quien el pasado 16 de julio fue ultimado de tres disparos en su casa de Colonia Tacuara, municipio de Colonia Alberdi.

A casi cuatro meses del hecho, la semana pasada la mujer fue beneficiada con la prisión domiciliaria por disposición del juez Roberto Sena, titular del Juzgado de Instrucción Dos de Jardín América.

De esta forma, la implicada abandonó su lugar de detención en la Seccional Segunda de Oberá y se instaló en casa de uno de sus cuatro hijos, también en Colonia Tacuara, donde fijó residencia legal.

Ante la consulta, un vocero del caso comentó que la decisión del magistrado se basó en cuestiones de salud de la imputada. También se tuvo en cuenta que no habría riesgo de fuga ni de que entorpezca el proceso en marcha, principios de la prisión preventiva.

En tanto, si bien el expediente está caratulado como homicidio calificado por el vínculo, en la instrucción se habrían colectado testimonios que certificarían los episodios de violencia de género manifestados por la esposa del fallecido, cuestión que podría atenuar la calificación del hecho que se investiga.

Oportunamente, los hijos de la pareja declararon que su padre mantenía una relación extramatrimonial con otra mujer. Incluso, el hombre tiene un hijo producto de dicho vínculo.

Las pruebas
El pasado viernes 16 de julio, cerca de las 23, la comisaría de Alberdi fue alertada de un supuesto hecho de robo en Colonia Tacuara.

De acuerdo al relato aportado en un primer momento por la esposa de Stasiak, la víctima llegó a la casa a las 22.15 luego de ausentarse durante varias horas por un viaje a Posadas para vender verduras, como hacía habitualmente

Aseguró que en un momento dado, mientras estaba en la cocina, escuchó tres fuertes estruendos que venían desde el living. Segundos después se topó con un desconocido que llevaba puestas prendas de vestir oscuras y, por temor a un posible ataque hacía ella, salió corriendo por el frente de la casa a pedir ayuda.

Ya en el lugar, los efectivos advirtieron un gran desorden en los placares y otros muebles de la vivienda. Según agregó la esposa de Stasiak ante los uniformados, notó la desaparición de unos 60.000 pesos en efectivo que la víctima guardaba en el bolsillo de una campera.

Enseguida los investigadores de la Unidad Regional II detectaron varias incongruencias respecto a las circunstancias descriptas por la mujer en relación al hecho.

Por ello se dispuso que se le practique una prueba de guantelete de parafina para establecer si manipuló armas de fuego, lo que permitió el hallazgo de rastros de pólvora en sus manos. Después encontraron el revólver.

Además, en una de las habitaciones hallaron la billetera de Stasiak con 12.000 pesos en efectivo, lo que terminó por desacreditar la hipótesis del robo. También se probó que ningún acceso de la casa fue forzado.

El móvil
A las pocas horas el magistrado intervinientes ordenó la detención de Lidia Elizabet M.

En tanto, sus propios hijos reconocieron que desde hacía varios años su padre mantenía una relación sentimental con una vecina y fruto de ello tuvo un hijo extramatrimonial.

El chico aún es menor de edad y su progenitor lo asistía económicamente, circunstancia que no era desconocida para su esposa. Pero no sólo eso, sino que el colono se veía asiduamente con la madre del niño, lo que generaba constantes roces y peleas con la ahora sospechosa.

Precisamente, a partir del testimonio de un peón se determinó que el día del hecho, alrededor de las 19, Stasiak lo dejó en su casa, situada cerca de su propiedad, aunque recién pasadas las 22 el productor arribó a su propia chacra.

Luego su esposa -sabiendo que la amante también vivía cerca- le reprochó la demora y desató la tragedia.

El cadáver de Stasiak presentaba tres orificios bala: uno en el costado izquierdo del cuello,con salida en el rostro; otro en el dorsal izquierdo del pecho y un tercero en la parte anterior del muslo derecho.

Más tarde los investigadores policiales hallaron un revólver calibre 22 largo escondido en el interior de una cocina a leña en desuso.

Además de los tres disparos que tenía el cadáver, también hallaron una bala del mismo calibre en la escena del crimen.

Dicho revólver, según los hijos de la víctima, era propiedad del colono y lo tenía guardado en su casa desde hacía varios años.

Así como desde un primer momento los investigadores notaron que no hubo ningún acceso forzado y dudaron de la versión del robo que brindó la sospechosa, para los vecinos de Colonia Tacuara fue difícil salir del asombro ante la magnitud del hecho.

Si bien muchos conocían los desencuentros de la pareja, nadie creyó que la señora sería capaz de matar.

En la zona era un secreto a voces que el hombre mantenía una relación sentimental con una vecina y que fruto de ello tuvieron un hijo. Y enseguida trascendieron detalles que complicaron a la esposa.

El lugar y la posición del cuerpo dentro de la vivienda fueron las primeras discordancias, ya que la víctima estaba sentada en la sala y no atinó a defenderse como lo hubiera hecho al toparse con un ladrón que le exigió dinero. La ubicación de las heridas también hizo dudar del relato de la esposa.

Pero la situación se complicó cuando la mujer dio positivo la prueba de guantelete de parafina que halló rastros de pólvora en sus manos. Luego reconoció la autoría del hecho y mencionó los presuntos antecedentes de violencia de género que nunca antes había denunciado por temor a represalias, argumentó.

Lo cierto es que desde un primer momento, tres de sus cuatro hijos la visitaron en su lugar de detención y asistieron con ropa, abrigo y comida.

Se trata de sus dos hijas y un hijo, mientras que otro varón cortó la relación con su progenitora.

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