Falleció Luisa Báez, confesa homicida del aduanero Oscar Paganetto

GENERAL

El 9 de julio de 2018, ‘la Palita’ asesinó de dos tiros a su marido. Luego reconoció el crimen. Padecía varios problemas de salud. Murió el sábado en el Hospital de Fátima.

Afectada desde hacía varios meses por múltiples dolencias, Luisa ‘la Palita’ Báez (75) falleció el sábado en el hospital Nuestra Señora de Fátima, en la localidad de Garupá, donde permaneció internada nueve días.

A mediados de 2019 la mujer confesó haber sido la autora material del homicidio de su esposo, el aduanero Oscar Paganetto (64), tras lo cual el Tribunal Penal Uno de Oberá la condenó a la pena de prisión perpetua.

Acorralada por las pruebas en su contra, Báez aceptó la responsabilidad en juicio abreviado, sin desconocer que al ser mayor de 70 años podría acogerse al beneficio de la prisión domiciliaria.

Pero en la práctica nunca pudo volver recuperar sus bienes debido a la puja judicial entablada por sus herederos y los familiares de la víctima.

Con la jubilación mínima como único ingreso no tuvo más opción que seguir recluida en la Unidad Penal V de Mujeres, en Posadas, donde disponía de remedios y atención médica sin cargo.

El pasado 4 noviembre la reclusa fue ingresada en el hospital de Fátima con un cuadro complicada por diferentes patologías.

Los medios accedieron al diagnóstico de la paciente, quien padecía “demencia senil, diabetes, infección urinaria, hipokalemia moderada, postrada crónica. Operación de Hartman por oclusión intestinal. POP complicado. Re-laparotomia exploradora más lisis de bridas y adherencias. La misma tuvo tres intervenciones quirúrgicas y ya no tenía movilidad. Tenía colostomía”.

Báez tuvo dos hijos, un hombre y una mujer, esta última hija de Paganetto. Su cuerpo fue inhumado ayer antes del mediodía en el Cementerio La Piedad, de Oberá.

Sin medios
Si bien tras la condena la defensa de Báez tramitó la prisión domiciliaria debido a que tenía más de 70 años, la reclusa nunca pudo acogerse a dicho beneficio por no contar con los recursos económicos necesarios para hacerse cargo de todos los gastos.

Báez era dueña de varias propiedades y vehículos, pero nunca pudo hacerse de sus bienes por el complejo trámite de sucesión que enfrenta a su hija con los hermanos de la víctima, quienes entablaron una puja civil paralela al ámbito penal.

Ya tras las rejas la septuagenaria también perdió la cobertura de una conocida obra social a la que estaba adherida por su esposo.

En consecuencia, nunca dejó la cárcel por no poder cubrir el costo de su tratamiento para la diabetes y otras patologías; como tampoco los servicios electricidad, agua e internet, este último indispensable para el monitoreo de la tobillera electrónica que requiere la prisión domiciliaria.

Como contrapartida, al estar presa el Servicio Penitenciario Provincial (SPP), a través de Salud Pública, le suministró todos los medicamentos e insumos que requería por sus enfermedades.

Acorralada
Con relación al hecho, desde un primer momento la septuagenaria se vio acorralada por las pruebas en su contra. El estudio de parafina halló rastros de pólvora en sus manos y el posterior informe de balística determinó que los proyectiles que ultimaron al aduanero partieron del arma que se incautó en la escena, un revólver calibre 38.

Asimismo, ninguna puerta ni ventana del domicilio fue forzada, circunstancia que complicó a la sospechosa.

Según vecinos y conocidos, hacía tiempo que Paganetto y Báez se llevaban mal y las discusiones iban en aumento. También refirieron que la mujer ejercía violencia sobre su pareja, pero él no la denunció por pudor.

Pero la acusación más fuerte se escuchó por parte de Miriam Paganetto, hija de Báez y Paganetto, quien en una entrevista exclusiva reveló detalles desconocidos de la turbulenta relación que mantenían sus padres.

“Yo sé que mi mamá asesinó a mi papá”, reconoció visiblemente abatida por la tragedia a las pocas semanas del hecho.

“Le dijo ‘te voy a matar’”

Apenas se conoció la noticia del homicidio del aduanero y las circunstancias que rodearon al hecho, innumerables voces apuntaron las sospechas hacia su esposa.

“Mi mamá siempre tenía el arma con ella, lo vi mil veces”, aseguró Miriam.

En coincidencia con lo que comentaron otros allegados, la mujer aseguró que toda la vida su madre ejerció violencia sobre su papá, aunque él nunca la denunció, tal vez por pudor.

“Cuando yo quise defenderlo a mi papá en vida, él me lo prohibió. Una vez le dije que la iba a denunciar, pero me respondió que no haga nada. También le dije que lo iba a terminar matando y me contestó no importa, ella va a tener que pagar en vida. Aparte, pienso que él sabía que si la dejaba, ella lo iba a buscar y lo iba a matar igual. Y en el fondo, siempre pensé que lo iba a terminar matando de los nervios. No imaginé que le iba a pegar dos tiros”, reconoció.

Incluso, recordó que tiempo antes escuchó una discusión en la cual Báez amenazó de muerte al aduanero.

“Ella le dijo ‘te voy a matar, en los diarios vas a salir, hijo de puta’. Pensé que era una amenaza más de tantas, pero había sido que lo estaba amenazando de verdad. Ella venía planeando todo desde hacía tiempo”, señaló.

Las últimas horas de Paganetto
Con relación al hecho, el lunes 9 de julio del 2018, alrededor de las 22.30, Báez llamó a un servicio privado de emergencias médicas y refirió que se sentía mal.

La mujer y su esposo residían en una propiedad ubicada en la intersección de Cabo de Hornos y Domingo Berrondo, en el barrio Villa Svea, de Oberá.

Al arribar la ambulancia la mujer salió de la casa por sus propios medios y solicitó su traslado al centro de salud.

Recién cuando estaba siendo asistida comentó que su marido se hallaba sin vida en el mismo domicilio, pero no precisó las circunstancias. Fue así que dieron aviso a la Policía y se constató el hecho, ubicando a la mujer como la principal sospechosa del homicidio debido a ciertas circunstancias.

Al otro día, el Juzgado de Instrucción Uno, entonces a cargo de la jueza Alba Kunzmann de Gauchat, ordenó el allanamiento de la vivienda, donde la Policía encontró un revólver calibre 38 con cuatro balas y dos cápsulas percutadas.

Precisamente, Báez era conocida por llevar un revólver en la cartera para protección, en lo que coincidieron su hija y varios allegados.

La autopsia determinó que la víctima falleció de dos disparos, aunque el primero produjo la muerte porque ingresó por la axila del brazo izquierdo, atravesó el tórax y afectó el pulmón y el corazón. Un segundo proyectil entró por el abdomen y atravesó el hígado.

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