Denuncias que requerían respuestas contundentes que el colegio no dio

GENERAL

Pese a tener apenas alrededor de 14 años de edad, las alumnas de segundo año del Roque González tuvieron que empoderarse y organizar una sentada dentro del colegio, en un gesto casi desesperado y dramático, para ver si de esa manera lograban que quienes tienen que actuar, actúen, y así dejar de sufrir una de las peores cosas que se puede sufrir, el abuso sexual y el acoso sistemático. Para peor, por parte de algunos de sus propios compañeros, y para peor de peores, dentro de su propio colegio sin que nadie hiciera nada.

La sentada se transformó al día siguiente en una masiva concentración frente al establecimiento educativo, con la solidaridad de las alumnas y los alumnos de otras escuelas, y derivó a su vez en que la Justicia tomara cartas. Así, ese grupo de preadolescentes, reducido en su primer paso y masivo después, dio toda una lección acerca de cómo se debe proceder ante situaciones aberrantes que muchas veces socialmente se intentan tapar. Pero deja a su vez un fuerte interrogante sobre qué paso dentro del Roque González para que pese a las reiteradas denuncias de las chicas, poniendo el tema en conocimiento de los directivos del colegio (también lo hicieron algunos de sus padres, incluyendo denuncias policiales), hayan tenido que llegar al extremo de realizar una sentada para decir somos acosadas y abusadas y desde la dirección del colegio no hacen nada.

La gran repercusión mediática del tema, trascendiendo incluso al ámbito nacional, forzó a la dirección del Roque González a romper al fin su silencio de meses y su inercia en la nada, primero con un comunicado y luego con una conferencia de prensa por parte del rector, el padre Juan Rajimón. La sensación fue otra vez la nada misma: aseguró que ya se habían tomado medidas para afrontar esa situación y ponerle fin, cuando en el colegio todos saben que eso no fue así, que la situaciones de abusos subsistían, incluyendo chats aberrantes en grupos de Whatsapp, hasta con la supuesta distribución de pornografía infantil.

Ahora, gracias a la actitud de las propias víctimas, se activaron los resortes del Estado que los propios directivos del colegio deberían haber activado, en lugar de adoptar una actitud cuanto menos complaciente y hasta rozando la complicidad por inacción, ya que a todas luces no estuvieron a la altura de las circunstancias ni hicieron lo necesario para que toda sus alumnas se sientan seguras y protegidas.

El acoso y el abuso sexual necesitan respuestas contundentes que sí supieron dar las chicas denunciantes, pero no quienes se supone más deben velar por ellas dentro del colegio.

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